La encrucijada de la economía argentina


El último bienio ha estado signado por el fin de la economía superavitaria en dólares. El doble juego operado a nivel internacional y a nivel local se ha agotado. Tanto los superávits en dólares como en pesos han quedado en el pasado (superávits gemelos). En el año 2010, el BCRA tenía 52 mil millones de dólares de reserva. Al cerrar el 2013, las reservas rondaban los 31 mil millones.

Los nudos del asunto

El 75 % de de la caída de reservas se debe a pago de deuda externa. Durante el 2012 la economía argentina canceló deuda por 12 mil millones de dólares, mientras que durante el 2013 dicha suma rondó los 4500 millones. Dichos montos surgen de la renegociación de deuda llevada adelante en 2005 por Néstor Kirchner, y su reapertura en 2010.

El resto se explica en buena medida por el “dólar turista” y el consumo de bienes de lujos importados, sobre los cuáles, el gobierno ha actuado recientemente.

Hasta aquí, las medidas instrumentadas por el gobierno nacional  se han revelado insuficientes. La carencia de dólares sigue siendo el principal déficit estructural de la economía local, que se liga íntimamente a la puja distributiva y al aumento de los precios.

Si bien desde el año 2000 el saldo comercial de la Argentina es superavitario, y desde el 2002 dicho superávit supera en promedio los 10 mil millones de dólares, el nudo central sigue siendo la cuenta corriente externa que incluye pagos de deuda y giros de utilidades a sus respectivas casas matrices por parte de las empresas multinacionales.

A su vez, es insoslayable el achicamiento del saldo comercial favorable. Entre enero y agosto de 2013, solo 7 rubros de los 31 en que se compone la balanza comercial fueron superavitarios: 1) Alimentos y bebidas, 2) Agricultura, ganadería y pesca, 3) Metales comunes, 4) Organizaciones y órganos extraterritoriales, 5) Minerales metalíferos, 6) Marroquinería, 7) Producción de madera.

En total estos siete rubros reportaron un ingreso de 34 mil millones de dólares, contra 27 mil millones que significaron las importaciones, con un saldo favorable de más de 6 mil millones aproximadamente.

Si se observa la evolución del saldo comercial en la última década, el 2009 fue el año con mayor saldo favorable: 16.887 millones de dólares, un 33% por encima del promedio del período 2003-2008. Mientras que el promedio del saldo comercial entre 2010 y 2012 fue de 11.557 mil millones, un 9% por debajo del período mencionado.

Recientemente, el Jefe de gabinete Jorge Capitanich, expresó el objetivo trazado por el gobierno para el corriente año, de elevar las exportaciones a más de 90 mil millones de dólares.

EPD (Estructura productiva desequilibrada)

El ingeniero desarrollista Marcelo Diamand, acuñó el concepto de E.P.D. o estructura productiva desequilibrada. Es decir, es desequilibrio generado por las ventajas comparativas existentes entre un sector primario, altamente competitivo debido a las condiciones naturales y la fertilidad del suelo, contra un sector manufacturero, deficitario, dependiente de estímulos y subsidios.

Dicha realidad, es palpable aún hoy décadas después de lo escrito por Diamand. El 90% del ingreso de los dólares proviene del ítem “alimentos y bebidas”,  es decir, productos primarios del agro que precisan de escasa mano de obra. La Argentina es el segundo exportador de granos del mundo, solo detrás de Estados Unidos. En lo relacionado en aceite de semillas, la Argentina es el cuarto exportador del mundo, mientras que en lo relativo a aceites vegetales, se ubica en el tercer lugar.

De ese modo, se explica en buena medida la performance exportadora de la economía argentina en la última década.

La contracara es el sector manufacturero que aunque precisa de tecnología intensiva y mano de obra especializada, es altamente deficitario en materia de dólares. Durante el año 2012, solo la industria automotriz implicó una salida en dólares de alrededor de 7 mil millones de dólares.

A su vez, entre enero y agosto del 2013 el ítem “maquinaria y equipo” representó un déficit de 5.300 mil millones. El creciente déficit de balanza comercial industrial es “la piedra en el zapato” de un gobierno que ha esgrimido un programa de sustitución de importaciones, con una economía orientada a la inclusión social. Los puestos de trabajo industriales representan altos salarios, empleo formal y calidad laboral.

Concluyendo: los dólares provenientes del agro han permitido un saldo comercial favorable al menos en los últimos años. Al mismo tiempo, el gobierno está a obligado a redoblar sus esfuerzos de modo de intensificar la sustitución de importaciones, articulando políticas que permitan la producción de bienes actualmente importados en el país. Especialmente, en lo que refiere a bienes e insumos que abastezcan la industria, a modo de profundizar la diversificación de la matriz productiva, sin perder el sesgo inclusivo.

por Pablo Varela

 

 

 

 

Fuente de información: Agencia Paco Urondo –

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